Cuando habla Miriam Garlo (Molina de Segura, 42 años) confiesa dolores nacidos de la fragilidad, de no sentirse incluida en algunos mundos que no sabían cómo encasillarla —“Con lo terrible que es además el encasillamiento”—; cuando explica su búsqueda de su propio lugar, mejor aún, que muchos aceptaran su complejidad, el interlocutor no puede dejar de fijarse en lo contrario: su contundente forma de signar, su discurso sin fisuras, construido probablemente tras años en los que no se hizo caso. “He vivido mucho tiempo, y mal, en dos mundos falsamente antagónicos”. Porque la artista y actriz, ganadora del Goya a la mejor actriz revelación con Sorda, habla perfectamente, lee los labios y va acompañada de un intérprete porque la lengua de signos es “su agua en mitad del desierto”.
[#content_wordai]
Cuando habla Miriam Garlo (Molina de Segura, 42 años) confiesa dolores nacidos de la fragilidad, de no sentirse incluida en algunos mundos que no sabían cómo encasillarla —“Con lo terrible que es además el encasillamiento”—; cuando explica su búsqueda de su propio lugar, mejor aún, que muchos aceptaran su complejidad, el interlocutor no puede dejar de fijarse en lo contrario: su contundente forma de signar, su discurso sin fisuras, construido probablemente tras años en los que no se hizo caso. “He vivido mucho tiempo, y mal, en dos mundos falsamente antagónicos”. Porque la artista y actriz, ganadora del Goya a la mejor actriz revelación con Sorda, habla perfectamente, lee los labios y va acompañada de un intérprete porque la lengua de signos es “su agua en mitad del desierto”.
Feed MRSS-S Noticias
