Cuando Luis Noriega habla, el riesgo de caer en el engaño es alto. Un engaño, desde luego, muy lejos de ser voluntario. Tímido, habla bajo y tiene toda la pinta de ser un devoralibros. Lo que no se ve es la pluma afilada con la que es capaz de chuzar, inquietar y divertir en sus relatos. Así que, en lugar de un engaño, se desvela una premisa: detrás de todo tímido hay, por lo general, un humor corrosivo, punzante, a veces cruel. Y, en el caso de Noriega (Cali, 54 años), brillante e ingenioso. Gracias a ese humor, existen su recién reeditada novela Donde mueren los payasos y también la recopilación de cuentos La puerta de la felicidad (Random House), que llega a librerías en octubre. A propósito de ambos trabajos, dejó su hogar cerca de Barcelona para visitar Colombia por unos días.
El autor caleño habla de literatura, sátira y humor a propósito del lanzamiento de su recopilación de cuentos ‘La puerta de la felicidad’ y de la reedición de su novela más aclamada, ‘Donde mueren los payasos’
Cuando Luis Noriega habla, el riesgo de caer en el engaño es alto. Un engaño, desde luego, muy lejos de ser voluntario. Tímido, habla bajo y tiene toda la pinta de ser un devoralibros. Lo que no se ve es la pluma afilada con la que es capaz de chuzar, inquietar y divertir en sus relatos. Así que, en lugar de un engaño, se desvela una premisa: detrás de todo tímido hay, por lo general, un humor corrosivo, punzante, a veces cruel. Y, en el caso de Noriega (Cali, 54 años), brillante e ingenioso. Gracias a ese humor, existen su recién reeditada novela Donde mueren los payasos y también la recopilación de cuentos La puerta de la felicidad (Random House), que llega a librerías en octubre. A propósito de ambos trabajos, dejó su hogar cerca de Barcelona para visitar Colombia por unos días.
