
No resulta fácil seguir el discurso de Luis Francisco Esplá (Alicante, 69 años), un original maestro del toreo retirado de los ruedos en 2009, que no habla como un torero ni como un jubilado del traje de luces que descansa en el campo tras toda una vida de miedos. Dice que se dedica a cuidar sus bonsáis, a leer, a pintar (es licenciado en Bellas Artes) y a disfrutar de las cosas pequeñas. Parece más bien un ser humano peculiar, políticamente incorrecto, al que le cuesta comunicar los preceptos taurinos que determinaron su carrera, y no por carencia de expresión, sino porque suenan tan singulares como extraños.
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No resulta fácil seguir el discurso de Luis Francisco Esplá (Alicante, 69 años), un original maestro del toreo retirado de los ruedos en 2009, que no habla como un torero ni como un jubilado del traje de luces que descansa en el campo tras toda una vida de miedos. Dice que se dedica a cuidar sus bonsáis, a leer, a pintar (es licenciado en Bellas Artes) y a disfrutar de las cosas pequeñas. Parece más bien un ser humano peculiar, políticamente incorrecto, al que le cuesta comunicar los preceptos taurinos que determinaron su carrera, y no por carencia de expresión, sino porque suenan tan singulares como extraños.
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