El pasado 1 de septiembre, la villa soriana de Almazán (5.693 habitantes) se despertó con un pedacito menos de su historia. El palacio de los Hurtado de Mendoza se vino parcialmente abajo. Veinte días después volvió a colapsar, motivando una intervención de urgencia. El derrumbe de parte de la fachada, la galería y el tejado ha desnudado las estancias interiores del edificio gótico del siglo XV en el que llegaron a residir temporalmente los Reyes Católicos. No es lo único que ha dejado a la intemperie. El caso obliga a revisar un viejo fenómeno de destrucción que ahora regresa al primer plano.



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El pasado 1 de septiembre, la villa soriana de Almazán (5.693 habitantes) se despertó con un pedacito menos de su historia. El palacio de los Hurtado de Mendoza se vino parcialmente abajo. Veinte días después volvió a colapsar, motivando una intervención de urgencia. El derrumbe de parte de la fachada, la galería y el tejado ha desnudado las estancias interiores del edificio gótico del siglo XV en el que llegaron a residir temporalmente los Reyes Católicos. No es lo único que ha dejado a la intemperie. El caso obliga a revisar un viejo fenómeno de destrucción que ahora regresa al primer plano.



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