Bajo un pavo real que encumbra la sala Manuel de Falla del Palacio de Longoria de Madrid, sede de la SGAE, han hecho su primera aparición pública después de 10 años las hermanas Llanos, fundadoras de Dover. Había un piano de cola al fondo que no ha llegado a sonar. La voz de Cristina (Madrid, 50 años, cantante y guitarrista) tampoco sonaba en público desde aquel último concierto que dio Dover en Getafe (Madrid) en 2015. Con el pelo pelirrojo y corto y siempre sonriente, Cristina se sentó al lado de su hermana Amparo (Madrid, 61 años, guitarrista), su fiel escudera desde de que nació. “No habría podido cantar nunca en un grupo sin mi hermana, su guitarra me llevaba a mí, era la tabla de salvación”, explicó Cristina, que viajó hasta sus primeros recuerdos: “Yo llegué al mundo y tú ya estabas allí. Ya había una conexión. Me bañabas. Eres muy especial, muy inteligente, Amparo es mi puerta grande del Titanic en la que solo quepo yo”.
Amparo y Cristina presentan en un acto en Madrid el descarnado libro de esta última, ‘La noche cayó y ya nadie pudo salvarme’
Bajo un pavo real que encumbra la sala Manuel de Falla del Palacio de Longoria de Madrid, sede de la SGAE, han hecho su primera aparición pública después de 10 años las hermanas Llanos, fundadoras de Dover. Había un piano de cola al fondo que no ha llegado a sonar. La voz de Cristina (Madrid, 50 años, cantante y guitarrista) tampoco sonaba en público desde aquel último concierto que dio Dover en Getafe (Madrid) en 2015. Con el pelo pelirrojo y corto y siempre sonriente, Cristina se sentó al lado de su hermana Amparo (Madrid, 61 años, guitarrista), su fiel escudera desde de que nació. “No habría podido cantar nunca en un grupo sin mi hermana, su guitarra me llevaba a mí, era la tabla de salvación”, explicó Cristina, que viajó hasta sus primeros recuerdos: “Yo llegué al mundo y tú ya estabas allí. Ya había una conexión. Me bañabas. Eres muy especial, muy inteligente, Amparo es mi puerta grande del Titanic en la que solo quepo yo”.
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