El penalti es una cosa del demonio. Es la analogía más certera que hay de la norma periodística que indica que siempre hay que escuchar a todas las partes de una historia. Por un lado está el lanzador, que ve cómo durante unos instantes que parecen eternos el guardameta se va agrandando y la portería empequeñeciendo. En el otro, el portero piensa en la repentina enormidad de su arco. La portería, sin embargo, se mantiene siempre en sus 7,32 metros de largo y sus 2,44 metros de alto.
Robert McCrum, bisnieto del inventor del penalti, ofrece un divertido libro sobre la norma, su familia e Irlanda del Norte
El penalti es una cosa del demonio. Es la analogía más certera que hay de la norma periodística que indica que siempre hay que escuchar a todas las partes de una historia. Por un lado está el lanzador, que ve cómo durante unos instantes que parecen eternos el guardameta se va agrandando y la portería empequeñeciendo. En el otro, el portero piensa en la repentina enormidad de su arco. La portería, sin embargo, se mantiene siempre en sus 7,32 metros de largo y sus 2,44 metros de alto.
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