
Esta es la historia de un pueblito que en sus mejores tiempos llegó a albergar a unas quinientas personas. Incluso cuando tenía menos habitantes, sus pasillos, plazuelas y viviendas eran un hervidero de personas atareadas, ropa tendida y olor a potajes. Estas personas tenían los problemas de cualquiera: el dinero y el deseo de dejar bien colocados a los hijos. Lo que les distinguía a todos ellos es que vivían en el Palacio Real de Madrid, que compartían con la realeza y la nobleza, pero con tareas bien distintas. EL PAÍS ha accedido a los documentos, planos y cartas que atesora el Archivo General de Palacio sobre cómo eran sus vidas en la residencia real, desde que esta se levantó a mediados del siglo XVIII hasta el final de la dictadura del general Franco, cuando se marcharon sus últimos moradores.




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Esta es la historia de un pueblito que en sus mejores tiempos llegó a albergar a unas quinientas personas. Incluso cuando tenía menos habitantes, sus pasillos, plazuelas y viviendas eran un hervidero de personas atareadas, ropa tendida y olor a potajes. Estas personas tenían los problemas de cualquiera: el dinero y el deseo de dejar bien colocados a los hijos. Lo que les distinguía a todos ellos es que vivían en el Palacio Real de Madrid, que compartían con la realeza y la nobleza, pero con tareas bien distintas. EL PAÍS ha accedido a los documentos, planos y cartas que atesora el Archivo General de Palacio sobre cómo eran sus vidas en la residencia real, desde que esta se levantó a mediados del siglo XVIII hasta el final de la dictadura del general Franco, cuando se marcharon sus últimos moradores.




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