Por Ciudad Juárez se ha visto durante años cómo regresan menores, familias completas y adultos después de intentar cruzar hacia Estados Unidos. Las repatriaciones forman parte de la realidad fronteriza y también han dejado episodios cuestionados por el trato y las condiciones en que las personas son devueltas.
El fenómeno adquiere ahora otra dimensión. La administración de Donald Trump comenzó a enviar a ciudadanos mexicanos deportados hacia Guatemala, Honduras y Costa Rica, pese a que México ha manifestado su disposición para recibir directamente a sus connacionales.
Guatemala reportó haber recibido alrededor de 2 mil 300 mexicanos deportados durante este año. La estrategia estadounidense buscaría alejarlos de la frontera y dificultar un eventual intento de reingreso irregular a territorio estadounidense.
La decisión abre cuestionamientos desde la perspectiva de los derechos humanos. Enviar a mexicanos a terceros países puede alejarlos todavía más de sus familias, comunidades y de las instituciones nacionales encargadas de recibirlos, agregando otro traslado a personas que ya atraviesan un proceso vulnerable.
Para una ciudad como Juárez, acostumbrada a observar directamente las consecuencias de la política migratoria estadounidense, esta nueva modalidad parece otro endurecimiento de la estrategia antimigrante de Trump. Combatir la migración irregular no debería significar convertir una deportación en un recorrido innecesariamente largo por Centroamérica.
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Por Ciudad Juárez se ha visto durante años cómo regresan menores, familias completas y adultos después de intentar cruzar hacia Estados Unidos. Las repatriaciones forman parte de la realidad fronteriza y también han dejado episodios cuestionados por el trato y las condiciones en que las personas son devueltas.
El fenómeno adquiere ahora otra dimensión. La administración de Donald Trump comenzó a enviar a ciudadanos mexicanos deportados hacia Guatemala, Honduras y Costa Rica, pese a que México ha manifestado su disposición para recibir directamente a sus connacionales.
Guatemala reportó haber recibido alrededor de 2 mil 300 mexicanos deportados durante este año. La estrategia estadounidense buscaría alejarlos de la frontera y dificultar un eventual intento de reingreso irregular a territorio estadounidense.
La decisión abre cuestionamientos desde la perspectiva de los derechos humanos. Enviar a mexicanos a terceros países puede alejarlos todavía más de sus familias, comunidades y de las instituciones nacionales encargadas de recibirlos, agregando otro traslado a personas que ya atraviesan un proceso vulnerable.
Para una ciudad como Juárez, acostumbrada a observar directamente las consecuencias de la política migratoria estadounidense, esta nueva modalidad parece otro endurecimiento de la estrategia antimigrante de Trump. Combatir la migración irregular no debería significar convertir una deportación en un recorrido innecesariamente largo por Centroamérica.
Diario MX
