Oculto entre la vegetación de difícil acceso en la localidad de La Curva, en el Municipio de Xalisco, a aproximadamente 20 kilómetros de Tepic, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) operaba un sitio clandestino de tortura, ejecución e incineración de cuerpos conocido internamente como «La Casita» o el predio «El Dragón».
En entrevista con Radio Fórmula, la Fiscal Lumila Heredia detalló, con base en un testimonio de un testigo presencial, la logística criminal con la que la célula delictiva buscaba borrar el rastro de sus víctimas.
El procedimiento en el tambo: diesel, gasolina y jabón

De acuerdo con las declaraciones ministeriales de los testigos, las personas trasladadas a «La Casita» eran sometidas a tortura y posteriormente ejecutadas en el sitio.
Para desaparecer los restos, los ejecutores introducían los cuerpos en un tambo metálico donde combinaban diesel, gasolina y diversos compuestos químicos.
El testigo presencial, dijo la Fiscal, detalló que agregaban jabón a la mezcla, un detalle técnico utilizado por los sicarios para lograr que el combustible se adhiriera firmemente a la tela de las prendas de vestir durante el proceso de combustión.
Una vez que los cuerpos quedaban reducidos a cenizas y fragmentos, los restos óseos eran arrojados a un riachuelo contiguo que cruza el predio.
Las víctimas: desertores, ‘chapulines’ y encargos

El centro de exterminio no operaba de forma aislada, sino como parte del engranaje de control territorial y financiero de la célulca delictiva.
Las investigaciones documentan que a «La Casita» llevaban a «desertores» de las propias filas de la organización, «chapulines», término con el que el cártel identifica a vendedores independientes de droga que comercian sin su autorización y a «víctimas de extorsión y encomiendas», bajo la modalidad de «pagos por desaparecer», en la que particulares contrataban al grupo criminal para privar de la libertad o ejecutar a terceros.
Tras el hallazgo del predio a principios de octubre, peritos y personal de la Comisión Nacional de Búsqueda implementaron la técnica de criba —cernir la arena y los sedimentos del arroyo— para rescatar los fragmentos óseos dispersados por la corriente.
85 indicios

A la fecha, las autoridades han asegurado 85 indicios, entre los que se encuentran 20 restos carbonizados, manchas de sangre, prendas de vestir, pertenencias personales, elementos balísticos y fotografías.
En el área se ubicó además una fosa clandestina con cuerpos de menor antigüedad, de los cuales se busca obtener perfiles genéticos para su identificación.
El predio estaba bajo el mando de la estructura operativa del CJNG en Nayarit, ligada a mandos como Audias Flores Silva, «El Jardinero», y su jefe de plaza en Xalisco, José Antonio Durán Tapia, alias «El Cachorro», quien fue reclutado por el grupo desde los 13 años de edad.
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Oculto entre la vegetación de difícil acceso en la localidad de La Curva, en el Municipio de Xalisco, a aproximadamente 20 kilómetros de Tepic, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) operaba un sitio clandestino de tortura, ejecución e incineración de cuerpos conocido internamente como «La Casita» o el predio «El Dragón».
En entrevista con Radio Fórmula, la Fiscal Lumila Heredia detalló, con base en un testimonio de un testigo presencial, la logística criminal con la que la célula delictiva buscaba borrar el rastro de sus víctimas.
El procedimiento en el tambo: diesel, gasolina y jabón

De acuerdo con las declaraciones ministeriales de los testigos, las personas trasladadas a «La Casita» eran sometidas a tortura y posteriormente ejecutadas en el sitio.
Para desaparecer los restos, los ejecutores introducían los cuerpos en un tambo metálico donde combinaban diesel, gasolina y diversos compuestos químicos.
El testigo presencial, dijo la Fiscal, detalló que agregaban jabón a la mezcla, un detalle técnico utilizado por los sicarios para lograr que el combustible se adhiriera firmemente a la tela de las prendas de vestir durante el proceso de combustión.
Una vez que los cuerpos quedaban reducidos a cenizas y fragmentos, los restos óseos eran arrojados a un riachuelo contiguo que cruza el predio.
Las víctimas: desertores, ‘chapulines’ y encargos

El centro de exterminio no operaba de forma aislada, sino como parte del engranaje de control territorial y financiero de la célulca delictiva.
Las investigaciones documentan que a «La Casita» llevaban a «desertores» de las propias filas de la organización, «chapulines», término con el que el cártel identifica a vendedores independientes de droga que comercian sin su autorización y a «víctimas de extorsión y encomiendas», bajo la modalidad de «pagos por desaparecer», en la que particulares contrataban al grupo criminal para privar de la libertad o ejecutar a terceros.
Tras el hallazgo del predio a principios de octubre, peritos y personal de la Comisión Nacional de Búsqueda implementaron la técnica de criba —cernir la arena y los sedimentos del arroyo— para rescatar los fragmentos óseos dispersados por la corriente.
85 indicios

A la fecha, las autoridades han asegurado 85 indicios, entre los que se encuentran 20 restos carbonizados, manchas de sangre, prendas de vestir, pertenencias personales, elementos balísticos y fotografías.
En el área se ubicó además una fosa clandestina con cuerpos de menor antigüedad, de los cuales se busca obtener perfiles genéticos para su identificación.
El predio estaba bajo el mando de la estructura operativa del CJNG en Nayarit, ligada a mandos como Audias Flores Silva, «El Jardinero», y su jefe de plaza en Xalisco, José Antonio Durán Tapia, alias «El Cachorro», quien fue reclutado por el grupo desde los 13 años de edad.
Diario MX
