“Durante mucho tiempo me acosté temprano”. Tales son las primeras palabras del primer tomo de A la busca del tiempo perdido, la obra monumental de Proust, en las que uno permanece apresado debido a la discrepancia feroz entre su sencillez aparente y su complejidad real. La frase está atiborrada de tiempo. “Durante” se refiere a un período. “Mucho” lo dilata. “Tiempo” lo nombra. “Temprano” nos remite a la hora. Hasta “acosté” está conjugado en pasado. Solo parece quedar fuera “me”, un pronombre de dos letras prendido en medio de ese artefacto temporal.
EL PAÍS
“Durante mucho tiempo me acosté temprano”. Tales son las primeras palabras del primer tomo de A la busca del tiempo perdido, la obra monumental de Proust, en las que uno permanece apresado debido a la discrepancia feroz entre su sencillez aparente y su complejidad real. La frase está atiborrada de tiempo. “Durante” se refiere a un período. “Mucho” lo dilata. “Tiempo” lo nombra. “Temprano” nos remite a la hora. Hasta “acosté” está conjugado en pasado. Solo parece quedar fuera “me”, un pronombre de dos letras prendido en medio de ese artefacto temporal.
Los niños retrasan cuanto pueden el momento de irse a la cama porque saben a lo que se exponen. Nosotros lo hemos olvidado
