Resulta inevitable pensar cuándo tocará a México enfrentar nuevamente un sismo devastador, especialmente después de los terremotos registrados recientemente en Venezuela y, hace unas horas, en Colombia. Cada movimiento de gran magnitud en América Latina reactiva una pregunta que permanece bajo nuestros pies y para la cual nadie puede señalar una fecha.
México es un país altamente sísmico. La interacción de las placas de Cocos, Norteamérica, Rivera, Pacífico y Caribe mantiene una actividad constante, particularmente frente a las costas del Pacífico. Los especialistas pueden identificar zonas de riesgo y estudiar probabilidades, pero actualmente no existe un método científico capaz de predecir cuándo ocurrirá un terremoto.
La memoria mexicana tiene una fecha marcada, el 19 de septiembre de 1985. Un terremoto de magnitud 8.1 devastó sectores de la Ciudad de México, derrumbó cientos de edificios y dejó miles de muertos. Aquella tragedia modificó reglamentos, protocolos de emergencia y también la organización ciudadana.
Después llegaron otros recordatorios. El 7 de septiembre de 2017 un terremoto de magnitud 8.2 sacudió el sur del país. Doce días después, otro de magnitud 7.1 golpeó el centro de México y provocó más de 300 muertes. En 2022, nuevamente un 19 de septiembre, ocurrió otro movimiento de magnitud 7.7.
Hablar de un futuro gran terremoto no significa anunciar una catástrofe próxima. México seguirá teniendo sismos fuertes porque su geología así lo determina. La pregunta útil quizá no sea cuándo llegará el siguiente, sino qué tan preparados estarán edificios, autoridades y ciudadanos cuando la tierra vuelva a moverse.
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Resulta inevitable pensar cuándo tocará a México enfrentar nuevamente un sismo devastador, especialmente después de los terremotos registrados recientemente en Venezuela y, hace unas horas, en Colombia. Cada movimiento de gran magnitud en América Latina reactiva una pregunta que permanece bajo nuestros pies y para la cual nadie puede señalar una fecha.
México es un país altamente sísmico. La interacción de las placas de Cocos, Norteamérica, Rivera, Pacífico y Caribe mantiene una actividad constante, particularmente frente a las costas del Pacífico. Los especialistas pueden identificar zonas de riesgo y estudiar probabilidades, pero actualmente no existe un método científico capaz de predecir cuándo ocurrirá un terremoto.
La memoria mexicana tiene una fecha marcada, el 19 de septiembre de 1985. Un terremoto de magnitud 8.1 devastó sectores de la Ciudad de México, derrumbó cientos de edificios y dejó miles de muertos. Aquella tragedia modificó reglamentos, protocolos de emergencia y también la organización ciudadana.
Después llegaron otros recordatorios. El 7 de septiembre de 2017 un terremoto de magnitud 8.2 sacudió el sur del país. Doce días después, otro de magnitud 7.1 golpeó el centro de México y provocó más de 300 muertes. En 2022, nuevamente un 19 de septiembre, ocurrió otro movimiento de magnitud 7.7.
Hablar de un futuro gran terremoto no significa anunciar una catástrofe próxima. México seguirá teniendo sismos fuertes porque su geología así lo determina. La pregunta útil quizá no sea cuándo llegará el siguiente, sino qué tan preparados estarán edificios, autoridades y ciudadanos cuando la tierra vuelva a moverse.
Diario MX
