Me siento a escribir y esta columna se me va de las manos o se me va hasta las manos. Tenía pensado hablar de Maite (Tusquets, 2026), la última novela de Fernando Aramburu, pero veo mis manos sobre el ordenador y me pongo a pensar en la vejez de sus dedos, en todo lo que han tocado y en la memoria que se confunde con el sentido del tacto como los años se confunden con las venas y las marcas de la piel. Y es que Maite, la protagonista de Aramburu, cuenta por teléfono a su hermana que se casa con Andoni porque se ha enamorado de sus manos. Se trata de unas manos pulcras, con las uñas siempre arregladas, un poco de vello diseminado, capaces de levantar con elegancia una taza de café o de mover de manera educada los cubiertos en una comida de trabajo. Muy sabias también a la hora de sobar.
La literatura de Fernando Aramburu nos interpela, se nos mete dentro de la propia vida en cuanto tenemos uno de sus libros entre las manos
Me siento a escribir y esta columna se me va de las manos o se me va hasta las manos. Tenía pensado hablar de Maite (Tusquets, 2026), la última novela de Fernando Aramburu, pero veo mis manos sobre el ordenador y me pongo a pensar en la vejez de sus dedos, en todo lo que han tocado y en la memoria que se confunde con el sentido del tacto como los años se confunden con las venas y las marcas de la piel. Y es que Maite, la protagonista de Aramburu, cuenta por teléfono a su hermana que se casa con Andoni porque se ha enamorado de sus manos. Se trata de unas manos pulcras, con las uñas siempre arregladas, un poco de vello diseminado, capaces de levantar con elegancia una taza de café o de mover de manera educada los cubiertos en una comida de trabajo. Muy sabias también a la hora de sobar.
