Una fotografía en blanco y negro aparece un día en Facebook. Una pareja joven, elegante, en tumbonas alpinas, con el peso de 1941 suspendido fuera de plano. Alguien la sube, alguien la comenta, alguien convierte a la mujer de la imagen en espía, en cómplice, en símbolo de algo que ella ya no puede desmentir. La muerte, descubre Lea Ypi, no te protege del escarnio digital: te deja sin voz en el único momento en que alguien pronuncia tu nombre.
Una fotografía en blanco y negro aparece un día en Facebook. Una pareja joven, elegante, en tumbonas alpinas, con el peso de 1941 suspendido fuera de plano. Alguien la sube, alguien la comenta, alguien convierte a la mujer de la imagen en espía, en cómplice, en símbolo de algo que ella ya no puede desmentir. La muerte, descubre Lea Ypi, no te protege del escarnio digital: te deja sin voz en el único momento en que alguien pronuncia tu nombre. Seguir leyendo
Una fotografía en blanco y negro aparece un día en Facebook. Una pareja joven, elegante, en tumbonas alpinas, con el peso de 1941 suspendido fuera de plano. Alguien la sube, alguien la comenta, alguien convierte a la mujer de la imagen en espía, en cómplice, en símbolo de algo que ella ya no puede desmentir. La muerte, descubre Lea Ypi, no te protege del escarnio digital: te deja sin voz en el único momento en que alguien pronuncia tu nombre.
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