Hace más de diez años Curtis Yarvin escribía bajo seudónimo en un blog que casi nadie leía. El día de la investidura de Trump, sus ideas se sentaban en primera fila, con traje y sin seudónimo, bajo los nombres de los hombres más ricos del mundo. Algo que durante años vivió en los márgenes de internet ha llegado al centro del poder, y con un plan. Ese viaje del foro anónimo a la Casa Blanca es el que reconstruye Arnaud Miranda en La Ilustración oscura, un intento riguroso y necesario de tomarse la neorreacción como lo que es: no una anécdota digital, sino un cuerpo de ideas con genealogía.
Hace más de diez años Curtis Yarvin escribía bajo seudónimo en un blog que casi nadie leía. El día de la investidura de Trump, sus ideas se sentaban en primera fila, con traje y sin seudónimo, bajo los nombres de los hombres más ricos del mundo. Algo que durante años vivió en los márgenes de internet ha llegado al centro del poder, y con un plan. Ese viaje del foro anónimo a la Casa Blanca es el que reconstruye Arnaud Miranda en La Ilustración oscura, un intento riguroso y necesario de tomarse la neorreacción como lo que es: no una anécdota digital, sino un cuerpo de ideas con genealogía. Seguir leyendo
Hace más de diez años Curtis Yarvin escribía bajo seudónimo en un blog que casi nadie leía. El día de la investidura de Trump, sus ideas se sentaban en primera fila, con traje y sin seudónimo, bajo los nombres de los hombres más ricos del mundo. Algo que durante años vivió en los márgenes de internet ha llegado al centro del poder, y con un plan. Ese viaje del foro anónimo a la Casa Blanca es el que reconstruye Arnaud Miranda en La Ilustración oscura, un intento riguroso y necesario de tomarse la neorreacción como lo que es: no una anécdota digital, sino un cuerpo de ideas con genealogía.
