
Pletórico con esa ilusión contenida propia de los vascos, tras un recorrido por sus renovados dominios, Miguel Zugaza (Durango, 62 años) ha definido así el museo de Bellas Artes de Bilbao, que ha dirigido en dos etapas, antes y después de sus 15 años al frente del Prado: “Este es un museo de la memoria”. De la memoria de la ciudad, ha explicado, y de la memoria del arte. Esas dos singularidades, la de la ciudad en la que se encuentra y la de la colección que alberga, han condicionado la nueva ampliación y restructuración de esta joya de museo que lleva décadas contribuyendo a que Bilbao se erija, en las muy bilbaínas palabras de Zugaza, en “faro de la cultura Atlántica” desde que decidió “con éxito apostar por el arte y los museos para su desarrollo”.



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Pletórico con esa ilusión contenida propia de los vascos, tras un recorrido por sus renovados dominios, Miguel Zugaza (Durango, 62 años) ha definido así el museo de Bellas Artes de Bilbao, que ha dirigido en dos etapas, antes y después de sus 15 años al frente del Prado: “Este es un museo de la memoria”. De la memoria de la ciudad, ha explicado, y de la memoria del arte. Esas dos singularidades, la de la ciudad en la que se encuentra y la de la colección que alberga, han condicionado la nueva ampliación y restructuración de esta joya de museo que lleva décadas contribuyendo a que Bilbao se erija, en las muy bilbaínas palabras de Zugaza, en “faro de la cultura Atlántica” desde que decidió “con éxito apostar por el arte y los museos para su desarrollo”.



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