Pasaban las siete y veinte de la tarde (hora de California, cuatro y veinte de la madrugada del viernes al sábado en España) cuando Disney empezaba a hacer lo que mejor se le da: soltar su magia. No dejaría de hacerlo durante dos horas y media. Con imágenes de sus clásicos, de Frozen a La bella y la bestia, de Anatomía de Grey y El diablo viste de Prada y de partidos de la Super Bowl a la mitad del catálogo de Marvel, la factoría empezaba su noche más fuerte del año (de hecho, de los últimos dos años) sacando pecho sobre sus grandes estrenos de cine y televisión, de animación o de acción real, de los próximos años.
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Pasaban las siete y veinte de la tarde (hora de California, cuatro y veinte de la madrugada del viernes al sábado en España) cuando Disney empezaba a hacer lo que mejor se le da: soltar su magia. No dejaría de hacerlo durante dos horas y media. Con imágenes de sus clásicos, de Frozen a La bella y la bestia, de Anatomía de Grey y El diablo viste de Prada y de partidos de la Super Bowl a la mitad del catálogo de Marvel, la factoría empezaba su noche más fuerte del año (de hecho, de los últimos dos años) sacando pecho sobre sus grandes estrenos de cine y televisión, de animación o de acción real, de los próximos años.
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