Hay dos cosas que los personajes de Colette hacen muy bien: el sexo y comer. En lo primero son refinados, elegantes, vanguardistas, ambiguos y ricos en perfumes, espejos y disfraces. En lo segundo son rústicos y esenciales, zampadores de comidas de la abuela con mucha grasa acompañadas de grandes rodajas de pan de centeno. Sirva de ejemplo este café de portera que se desayuna el casi gigoló Chéri en la novela que protagoniza: “Un café con leche cremoso y azucarado que debía recalentarse después de añadirle unas tostadas con mantequilla desmigajadas que se recocían a placer y formaban en la superficie del café una costra suculenta”. Toda una guarrindongada digna de David de Jorge y, según las asociaciones de cardiólogos, un crimen contra las arterias.
La escritora francesa vivió unos tiempos bastante más sísmicos que los actuales y nunca renunció al gozo ni a la belleza
Hay dos cosas que los personajes de Colette hacen muy bien: el sexo y comer. En lo primero son refinados, elegantes, vanguardistas, ambiguos y ricos en perfumes, espejos y disfraces. En lo segundo son rústicos y esenciales, zampadores de comidas de la abuela con mucha grasa acompañadas de grandes rodajas de pan de centeno. Sirva de ejemplo este café de portera que se desayuna el casi gigoló Chéri en la novela que protagoniza: “Un café con leche cremoso y azucarado que debía recalentarse después de añadirle unas tostadas con mantequilla desmigajadas que se recocían a placer y formaban en la superficie del café una costra suculenta”. Toda una guarrindongada digna de David de Jorge y, según las asociaciones de cardiólogos, un crimen contra las arterias.
