
Era sumamente improbable que un rey visigodo muriese plácidamente en su cama. Estos nobles de origen germánico tenían la insana costumbre de exterminarse unos a otros. Así que no sabemos dónde están enterrados la inmensa mayoría de ellos. No matas a un rey y luego le haces un funeral de Estado y una gran tumba. De hecho, de la treintena de monarcas godos que reinaron en Hispania, solo se conoce el enterramiento de tres, y hay más que dudas razonables de que los supuestos huesos que se conservan de ellos les pertenezcan. [Este texto es un extracto del boletín semanal sobre arqueología de EL PAÍS, ‘Cuatro piedras’. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].

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Era sumamente improbable que un rey visigodo muriese plácidamente en su cama. Estos nobles de origen germánico tenían la insana costumbre de exterminarse unos a otros. Así que no sabemos dónde están enterrados la inmensa mayoría de ellos. No matas a un rey y luego le haces un funeral de Estado y una gran tumba. De hecho, de la treintena de monarcas godos que reinaron en Hispania, solo se conoce el enterramiento de tres, y hay más que dudas razonables de que los supuestos huesos que se conservan de ellos les pertenezcan. [Este texto es un extracto del boletín semanal sobre arqueología de EL PAÍS, ‘Cuatro piedras’. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].

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