Al apestado Céline, acusado de vender su alma al diablo nazi por la desmedida inquina de Bagatelas para una masacre (1937) y sus otros panfletos antisemitas, le redime siempre su inmensa literatura.
Al apestado Céline, acusado de vender su alma al diablo nazi por la desmedida inquina de Bagatelas para una masacre (1937) y sus otros panfletos antisemitas, le redime siempre su inmensa literatura. Seguir leyendo
Al apestado Céline, acusado de vender su alma al diablo nazi por la desmedida inquina de Bagatelas para una masacre (1937) y sus otros panfletos antisemitas, le redime siempre su inmensa literatura.
EL PAÍS
