
Todo empezó como el broche de un festival. Peralada cumplía cuarenta años y quiso cerrar su edición con la Orquesta del Festival de Bayreuth en el Palau de la Música Catalana, coincidiendo con el siglo y medio del estreno de El anillo del nibelungo y de la fundación del festival que Richard Wagner levantó para hacerlo posible. De aquella idea salió otra mucho más ambiciosa: una gira de seis conciertos en nueve días por Barcelona, Santander, Sevilla, Madrid y Valencia. Nunca antes esta orquesta había recorrido varias ciudades. La cuarta escala fue el pasado jueves 3 en el Teatro Real, y lo que allí se escuchó reveló hasta qué punto el envite superó sus fuerzas.


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Todo empezó como el broche de un festival. Peralada cumplía cuarenta años y quiso cerrar su edición con la Orquesta del Festival de Bayreuth en el Palau de la Música Catalana, coincidiendo con el siglo y medio del estreno de El anillo del nibelungo y de la fundación del festival que Richard Wagner levantó para hacerlo posible. De aquella idea salió otra mucho más ambiciosa: una gira de seis conciertos en nueve días por Barcelona, Santander, Sevilla, Madrid y Valencia. Nunca antes esta orquesta había recorrido varias ciudades. La cuarta escala fue el pasado jueves 3 en el Teatro Real, y lo que allí se escuchó reveló hasta qué punto el envite superó sus fuerzas.


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