El caso de Eden, un adolescente de 14 años que sufrió graves lesiones en el rostro tras recibir el impacto de una granada de gas lacrimógeno disparada por un policía, se ha convertido en uno de los episodios que alimentan las denuncias de brutalidad policial en Francia, en medio de una ola de protestas estudiantiles y disturbios.
El menor resultó herido el 28 de septiembre durante enfrentamientos entre agentes y estudiantes frente al Lycée Chateau d’Épluches, un centro de formación profesional ubicado en St-Ouen-l’Aumone, al norte de París.
De acuerdo con un video verificado por The New York Times, el adolescente discutió con los policías antes de que la confrontación escalara.
Las imágenes muestran que un agente empujó al joven con un lanzador de gas lacrimógeno. Posteriormente, una policía lo golpeó con su porra y Eden le dio una patada, según la reconstrucción de los fiscales y el testimonio de un profesor que presenció el altercado.
En ese momento, otro agente disparó una granada de gas lacrimógeno directamente contra el rostro del adolescente, desde una distancia aproximada de dos metros.
El impacto le fracturó la mandíbula y le destrozó varios dientes.
El policía argumentó ante los fiscales que actuó porque creyó que su compañera estaba en peligro.
Fue suspendido mientras permanece bajo investigación. La identidad de los agentes no ha sido divulgada y el Ministerio del Interior francés declinó comentar el caso.
La abogada de Eden, Elsa Marcel, pidió a la fiscalía considerar una imputación por intento de asesinato contra el agente que disparó.
Según la defensa, el menor necesitó una cirugía al día siguiente de los hechos y no ha podido hablar desde entonces.
Su recuperación podría prolongarse al menos seis semanas, además del riesgo de sufrir dolor crónico y limitaciones en el movimiento de la mandíbula.
El incidente ocurrió durante una serie de movilizaciones que comenzaron a finales de septiembre, cuando estudiantes salieron a las calles para denunciar las malas condiciones de las escuelas, el deterioro de las instalaciones, la sobrecarga de horarios y la falta de profesores.
Las protestas derivaron en enfrentamientos en distintos puntos del país. Según cifras del Gobierno, al menos 24 escuelas fueron incendiadas o saqueadas, mientras que la Policía arrestó a unas 8 mil personas durante las manifestaciones en centros de educación secundaria.
Las autoridades sostienen que los agentes tuvieron que responder a episodios violentos, pero organizaciones y críticos de la actuación policial cuestionaron el uso de la fuerza contra manifestantes, muchos de ellos menores de edad.
El caso de Eden no es el único que ha generado preocupación. La fiscalía y el organismo francés encargado de supervisar la conducta policial investigan al menos 34 denuncias por posibles abusos durante las semanas de protestas.
Entre los episodios reportados figuran el de un adolescente de 15 años que perdió una mano, presuntamente por la explosión de una granada aturdidora; un joven de 16 años hospitalizado por una lesión ocular que los fiscales consideran compatible con el impacto de una bala de goma, y otro menor de 17 años cuya mano quedó destrozada por una granada.
El Ministro del Interior, Laurent Nuñez, defendió que la actuación policial debe evaluarse en función de las circunstancias de cada enfrentamiento.
No obstante, suspendió el uso de un tipo de granada aturdidora durante las protestas estudiantiles.
Las denuncias se suman a cuestionamientos de años anteriores sobre el uso de armas antidisturbios, especialmente durante las movilizaciones de los chalecos amarillos, entre 2018 y 2020, cuando varios manifestantes sufrieron lesiones oculares por proyectiles policiales.
Para especialistas en seguridad pública, la recurrencia de este tipo de heridas obliga a revisar el empleo de armamento diseñado para contener multitudes.
El investigador Sébastian Roché, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, advirtió que las consecuencias de esas prácticas están alcanzando también a la población adolescente.
La secuencia exacta que condujo al enfrentamiento con Eden sigue bajo investigación.
Los fiscales señalaron que el menor se encontraba entre los manifestantes, pero no lo han acusado de encender fuegos artificiales ni de arrojar una botella contra los policías.
El profesor Mathieu Moreau, quien presenció parte de los hechos, sostuvo que intentaba ayudar a los estudiantes a regresar al interior de la escuela cuando comenzaron los enfrentamientos.
Después de que los agentes dispersaran a la mayoría con gas lacrimógeno, vio que se acercaron a Eden y comenzó el altercado.
Mensajes intercambiados entre el adolescente y su madre, revisados por The New York Times, indican que el joven le había escrito que se marcharía a casa porque había bloqueos en la escuela.
Su familia sostiene que no participaba en los disturbios cuando resultó herido.
La madre, que pidió permanecer en el anonimato por temor a represalias, contó que su hijo le ha preguntado si alguna vez recuperará su rostro anterior.
La abogada Marcel afirmó que el menor tendrá que someterse a nuevas intervenciones quirúrgicas y afrontar un proceso de recuperación física y psicológica.
Mientras el caso sigue abierto, el Gobierno enfrenta críticas desde dos frentes: por la dureza de la respuesta policial durante las protestas y por no haber impedido los saqueos y actos de violencia registrados en las calles.
El Primer Ministro Sébastien Lecornu reconoció la contradicción de las exigencias públicas sobre el desempeño de los agentes, al señalar que durante semanas se les acusó de herir a manifestantes y después se les cuestionó por no contener los disturbios.
Para Moreau, sin embargo, la principal pregunta sigue siendo qué justificó el uso de esa fuerza contra el adolescente. «¿Qué peligro representaba en ese momento?», cuestionó el profesor.
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El caso de Eden, un adolescente de 14 años que sufrió graves lesiones en el rostro tras recibir el impacto de una granada de gas lacrimógeno disparada por un policía, se ha convertido en uno de los episodios que alimentan las denuncias de brutalidad policial en Francia, en medio de una ola de protestas estudiantiles y disturbios.
El menor resultó herido el 28 de septiembre durante enfrentamientos entre agentes y estudiantes frente al Lycée Chateau d’Épluches, un centro de formación profesional ubicado en St-Ouen-l’Aumone, al norte de París.
De acuerdo con un video verificado por The New York Times, el adolescente discutió con los policías antes de que la confrontación escalara.
Las imágenes muestran que un agente empujó al joven con un lanzador de gas lacrimógeno. Posteriormente, una policía lo golpeó con su porra y Eden le dio una patada, según la reconstrucción de los fiscales y el testimonio de un profesor que presenció el altercado.
En ese momento, otro agente disparó una granada de gas lacrimógeno directamente contra el rostro del adolescente, desde una distancia aproximada de dos metros.
El impacto le fracturó la mandíbula y le destrozó varios dientes.
El policía argumentó ante los fiscales que actuó porque creyó que su compañera estaba en peligro.
Fue suspendido mientras permanece bajo investigación. La identidad de los agentes no ha sido divulgada y el Ministerio del Interior francés declinó comentar el caso.
La abogada de Eden, Elsa Marcel, pidió a la fiscalía considerar una imputación por intento de asesinato contra el agente que disparó.
Según la defensa, el menor necesitó una cirugía al día siguiente de los hechos y no ha podido hablar desde entonces.
Su recuperación podría prolongarse al menos seis semanas, además del riesgo de sufrir dolor crónico y limitaciones en el movimiento de la mandíbula.
El incidente ocurrió durante una serie de movilizaciones que comenzaron a finales de septiembre, cuando estudiantes salieron a las calles para denunciar las malas condiciones de las escuelas, el deterioro de las instalaciones, la sobrecarga de horarios y la falta de profesores.
Las protestas derivaron en enfrentamientos en distintos puntos del país. Según cifras del Gobierno, al menos 24 escuelas fueron incendiadas o saqueadas, mientras que la Policía arrestó a unas 8 mil personas durante las manifestaciones en centros de educación secundaria.
Las autoridades sostienen que los agentes tuvieron que responder a episodios violentos, pero organizaciones y críticos de la actuación policial cuestionaron el uso de la fuerza contra manifestantes, muchos de ellos menores de edad.
El caso de Eden no es el único que ha generado preocupación. La fiscalía y el organismo francés encargado de supervisar la conducta policial investigan al menos 34 denuncias por posibles abusos durante las semanas de protestas.
Entre los episodios reportados figuran el de un adolescente de 15 años que perdió una mano, presuntamente por la explosión de una granada aturdidora; un joven de 16 años hospitalizado por una lesión ocular que los fiscales consideran compatible con el impacto de una bala de goma, y otro menor de 17 años cuya mano quedó destrozada por una granada.
El Ministro del Interior, Laurent Nuñez, defendió que la actuación policial debe evaluarse en función de las circunstancias de cada enfrentamiento.
No obstante, suspendió el uso de un tipo de granada aturdidora durante las protestas estudiantiles.
Las denuncias se suman a cuestionamientos de años anteriores sobre el uso de armas antidisturbios, especialmente durante las movilizaciones de los chalecos amarillos, entre 2018 y 2020, cuando varios manifestantes sufrieron lesiones oculares por proyectiles policiales.
Para especialistas en seguridad pública, la recurrencia de este tipo de heridas obliga a revisar el empleo de armamento diseñado para contener multitudes.
El investigador Sébastian Roché, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, advirtió que las consecuencias de esas prácticas están alcanzando también a la población adolescente.
La secuencia exacta que condujo al enfrentamiento con Eden sigue bajo investigación.
Los fiscales señalaron que el menor se encontraba entre los manifestantes, pero no lo han acusado de encender fuegos artificiales ni de arrojar una botella contra los policías.
El profesor Mathieu Moreau, quien presenció parte de los hechos, sostuvo que intentaba ayudar a los estudiantes a regresar al interior de la escuela cuando comenzaron los enfrentamientos.
Después de que los agentes dispersaran a la mayoría con gas lacrimógeno, vio que se acercaron a Eden y comenzó el altercado.
Mensajes intercambiados entre el adolescente y su madre, revisados por The New York Times, indican que el joven le había escrito que se marcharía a casa porque había bloqueos en la escuela.
Su familia sostiene que no participaba en los disturbios cuando resultó herido.
La madre, que pidió permanecer en el anonimato por temor a represalias, contó que su hijo le ha preguntado si alguna vez recuperará su rostro anterior.
La abogada Marcel afirmó que el menor tendrá que someterse a nuevas intervenciones quirúrgicas y afrontar un proceso de recuperación física y psicológica.
Mientras el caso sigue abierto, el Gobierno enfrenta críticas desde dos frentes: por la dureza de la respuesta policial durante las protestas y por no haber impedido los saqueos y actos de violencia registrados en las calles.
El Primer Ministro Sébastien Lecornu reconoció la contradicción de las exigencias públicas sobre el desempeño de los agentes, al señalar que durante semanas se les acusó de herir a manifestantes y después se les cuestionó por no contener los disturbios.
Para Moreau, sin embargo, la principal pregunta sigue siendo qué justificó el uso de esa fuerza contra el adolescente. «¿Qué peligro representaba en ese momento?», cuestionó el profesor.
Diario MX
