Un pastel sobre la ausencia. Una vela encendida para quien nunca volvió. Así transcurrió este 29 de julio para Norma Laguna, quien desde hace 16 años cambió las fiestas de cumpleaños por las jornadas de búsqueda. Frente a la fotografía de Idalí Juache Laguna, partió el mismo pastel de vainilla con fresas que durante 19 años llevó a su mesa para celebrar la vida de su hija. Esta vez no hubo abrazos ni regalos. Solo memoria, dolor y una exigencia que el tiempo no ha logrado apagar: justicia.
La historia de Idalí es una de las más desgarradoras que dejó la llamada Guerra contra el Narcotráfico en Ciudad Juárez. Desapareció en febrero de 2010 tras acudir a una agencia de modelos y, más de dos años después, parte de sus restos fueron localizados en el Arroyo El Navajo, uno de los escenarios más oscuros de la violencia que estremeció a la frontera. Su caso reveló el horror de las desapariciones, la trata de mujeres y los feminicidios que marcaron aquella etapa, mientras la impunidad se imponía sobre las familias. Aunque hubo un detenido, recuperó su libertad y el crimen permanece sin castigo.
Sin embargo, la tragedia de Juárez no comenzó con la guerra emprendida por el Gobierno Federal de Felipe Calderón. Sus raíces se hunden años atrás, cuando durante la administración estatal de Francisco Barrio Terrazas empezaron a multiplicarse los asesinatos de mujeres que colocaron a esta ciudad bajo el escrutinio internacional. Más tarde, durante el gobierno de Patricio Martínez, el fenómeno continuó creciendo hasta convertirse en una herida abierta que ninguna autoridad logró contener. Con el paso de los años, las formas cambiaron, los contextos se transformaron, pero el dolor permaneció intacto.
Hoy, Ciudad Juárez sigue enfrentando feminicidios y desapariciones. Ya no son exactamente los mismos patrones de hace tres décadas, pero las familias continúan recorriendo fiscalías, pegando pesquisas y esperando respuestas que con frecuencia nunca llegan. Mientras Norma parte un pastel para recordar a Idalí en el día que habría cumplido 36 años, la ciudad vuelve a mirarse en el espejo de una violencia que aún no consigue dejar atrás y que sigue arrebatando futuros, nombres e historias.
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Un pastel sobre la ausencia. Una vela encendida para quien nunca volvió. Así transcurrió este 29 de julio para Norma Laguna, quien desde hace 16 años cambió las fiestas de cumpleaños por las jornadas de búsqueda. Frente a la fotografía de Idalí Juache Laguna, partió el mismo pastel de vainilla con fresas que durante 19 años llevó a su mesa para celebrar la vida de su hija. Esta vez no hubo abrazos ni regalos. Solo memoria, dolor y una exigencia que el tiempo no ha logrado apagar: justicia.
La historia de Idalí es una de las más desgarradoras que dejó la llamada Guerra contra el Narcotráfico en Ciudad Juárez. Desapareció en febrero de 2010 tras acudir a una agencia de modelos y, más de dos años después, parte de sus restos fueron localizados en el Arroyo El Navajo, uno de los escenarios más oscuros de la violencia que estremeció a la frontera. Su caso reveló el horror de las desapariciones, la trata de mujeres y los feminicidios que marcaron aquella etapa, mientras la impunidad se imponía sobre las familias. Aunque hubo un detenido, recuperó su libertad y el crimen permanece sin castigo.
Sin embargo, la tragedia de Juárez no comenzó con la guerra emprendida por el Gobierno Federal de Felipe Calderón. Sus raíces se hunden años atrás, cuando durante la administración estatal de Francisco Barrio Terrazas empezaron a multiplicarse los asesinatos de mujeres que colocaron a esta ciudad bajo el escrutinio internacional. Más tarde, durante el gobierno de Patricio Martínez, el fenómeno continuó creciendo hasta convertirse en una herida abierta que ninguna autoridad logró contener. Con el paso de los años, las formas cambiaron, los contextos se transformaron, pero el dolor permaneció intacto.
Hoy, Ciudad Juárez sigue enfrentando feminicidios y desapariciones. Ya no son exactamente los mismos patrones de hace tres décadas, pero las familias continúan recorriendo fiscalías, pegando pesquisas y esperando respuestas que con frecuencia nunca llegan. Mientras Norma parte un pastel para recordar a Idalí en el día que habría cumplido 36 años, la ciudad vuelve a mirarse en el espejo de una violencia que aún no consigue dejar atrás y que sigue arrebatando futuros, nombres e historias.
Diario MX
